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De este modo, la belleza no es accesoria, es vital. Es tan indispensable para la vida del ser como el oxigeno para la vida del cuerpo. Sin ella el hombre se atrofia. Sólo continúa sobreviviendo, pero pronto se da cuenta que ya no vive. Devolver al mundo la belleza es devolver a cada hombre el gusto por ella. Entonces experimenta  la novedad de que el don gratuito de si mismo puede engendrar la belleza y cada uno de sus actos toma una nueva densidad. Su trabajo recobra sentido, más allá de su objetivo inmediato rompiendo los límites impuestos por él. Reducir la Belleza al superfluo, sería como arrancar al hombre una dimensión esencial, la gratuidad que es el cimiento mismo de su existencia.

Iris Aguettant, actriz