El próximo congreso tendrá lugar en Paris
del 24 al 27 de Agosto 2017


Paris de nuit

“La belleza, una alternativa al mito del progreso”. Este  fue el título del último plenario del Congreso en Montreal. Y ¡obviamente estamos lejos de haber agotado el tema! ¿Pero qué significa esto realmente para ustedes, para mí? ¿Qué es esta belleza que pretende salvar al mundo, en tiempos de locuras sangrientas, de fanatismo galopante, de la impotencia de los gobiernos para frenar la aceleración del calentamiento global?

En verdad, esta es una convicción intima, en el corazon de los que reconocen esta corriente, esta aventura, que “la belleza salvara al mundo” y al mismo tiempo es una convicción que requiere ser  continuamente compartida, arriesgada, renombrada.  Sin esto  se vuelve su contrario: una abstracción, un slogan, un sueño.

Lo que podemos esperar después  de la COP21 o en los corazones afligidos por los acontecimientos que llenan nuestras pantallas y nuestras noches,  y también gracias a  impactos como el de la encíclica “Laudato Si” es una toma de conciencia a gran escala, de la relación entre el hombre, el cosmos y lo divino, la misma de la cual nos hablo Agusti Nicolau Coll, durante la mesa redonda del 9 de octubre en Paris. Esta trinidad, si bien se ha intentado negarla u olvidarla, podría imponerse  crecientemente en todos y particularmente en cada uno de nosotros, Para  algunos, herederos de la tradición judeo/cristiana, esta convicción parece tan grabada que, acostumbrados a ella se ha desteñido un poco y es urgente devolverle sus colores. Para otros, más numerosos de lo que creemos, esta visión del hombre en relación comienza a surgir como una necesidad interior, una necesidad de entender, un deseo de volver al corazon, a lo esencial. La  encontramos también nos lo dice Raimon Panikkar “en la mayoría de las culturas del mundo, a tal punto que se puede afirmar que se trata de una constante humana”.

El tres no se impone: invita, abre y hace salir de la dialéctica o, por lo menos, nos conduce más lejos. Deja el lugar al otro, al silencio, a la comunión.

De esto es realmente lo que se trata. Después de la caída de las ilusiones ideológicas o institucionales, queda una sociedad de hombres, mujeres, niños un poco perdidos que tienen la ventaja, la gran ventaja, de no poder mantenerse al   exterior, por una coraza artificial. Casi nos queda solamente la riqueza de la presencia de cada uno, con su talento, su color único e indispensable y también su herida intima que podríamos reconocer como fundamento de la sociedad, constituyendo una propuesta capaz de inventar, encontrar, de crear y… de salvar. Y también hay la relación desinteresada, la necesidad vital del otro. ¿Esta desnudez que nos obliga a cambiar de relación hacia nosotros mismos, hacia los demás y hacia el mundo, y juntos volvernos  contemplativos, no es esta acaso una esperanza para nuestro mundo que nos llega por  un camino nunca imaginado?

Creo que el acto artístico permite o más bien exige  situarse en el centro de esta trilogía cosmos-divino-humana.  Es, por lo menos, la experiencia más o menos consciente que propone tanto al artista  como a quien  se dirige. ¡Si la belleza nos toca tanto, es que crea en nosotros casi sin darnos cuenta, esta reconciliación, esta obra de unificación, este “tres en uno”! La originalidad de este Congreso es vivir juntos este acto artístico o por lo menos este acto simbólico, de creer   en la comunión en acto entre personas de diversas edades, etnias, capacidades intelectuales, talentos, creencias, y saborear juntos su fruto para ofrecerlo ampliamente y compartir las iniciativas concretas que esta no  dejará de engendrar.

Si el Congreso pretende manifestar algo de la belleza que salva, este   debe  ser artístico no solamente en sus propuestas, o en las veladas y exposiciones,  sino en sí mismo. ¡Entonces, a caminar se ha dicho!

Iris Aguettant